15 mayo 2010

LA ÚLTIMA CÁMARA, EL FIN DE LA ÓPTICA


Regresar no es retroceder. No considero que las cosas sean “extrapolables”, más bien, acaban por sintonizarse como una emisora de radio que al principio es confusa.

Hace poco escribí, que el instante es la realidad que nos queda más cerca y más allá del tiempo todo es ferocidad. De nada serviría apropiarme del recuerdo y su dictadura, lo fotográfico termina en el instante en el que se congela el tiempo como se congela la risa.

Mirada y misterio, son claves o llaves de paso de los días. Quizá he querido acercarme a la búsqueda de un espacio que fuera capaz de adentrarse en la relación entre el hombre y lo que le rodea. Buscar como intentar atravesar la dispersión de la realidad, su gigantesco y mágico sujeto lleno de mecanismos y concavidades.

Me pareció evidente cuando intenté reconciliar: Pintura y Forma, en la realización de grandes moldes de objetos que inundaba de pintura - tampoco dejaba de ser la búsqueda de un lenguaje-. Me parece próximo, ahora que aparece el ruido y la palabra suena y explota dentro y fuera de la pintura.

Hubo un preludio de dibujos hechos con plantillas de números, mapas y abecedarios que se borraban a sí mismos o quedaban ocultos tras la luz. Cuando las numeraciones se mueven dejamos de ver cifras para ver rastros. Sigue siendo una jugada-que es un descuido-que es el tiempo.

En los últimos trabajos, las piezas y los objetos de los lugares donde habito o los recorridos por donde merodeo, forman parte de un caligrama que intento remontar. Son la textura de un lenguaje que supongo muy antiguo, anterior a nosotros. El hecho de que las cosas caminen hacia la pintura ó la poesía es algo que no decido. Es una cuestión de tratar la energía (aquella síntesis más voluble) con la intención de alcanzar un gran voltaje, una palabra, un color.


                                   "DÍ:PA-TA-TA" Esmalte aerografiado sobre lona. 259 x 196 cm. 2010

1 comentario:

Joaquín Pérez Azaústre dijo...

Regresar no es retroceder. Mirada y misterio. La última cámara será tu parpadeo finísimo de amianto. Me gusta el texto. Un abrazo!