“Tomas Falsas”,
el libro de José Vidal Valicourt, me ha hecho recordar la capacidad obsesiva
por registrar aquellas ciudades en las que viví hace años. Ciudades de pasos
perdidos, calles y sombras de edificios, fotografiados y filmados una y otra
vez, bajo esa otra gran toma falsa que es la historia y su vanidad.
Bruno Konstantin, el protagonista del libro, es un director
de cine total y a la vez un motivo filmable en sí mismo. En su naturaleza de observador,
existe un designio maldito e imposible de resolver que termina enfrentándolo a
todo lo que le rodea.
Me ha gustado muchísimo la manera que ha tenido el autor de
convertirlo en cristal sensible. Tras la certera falsedad del objetivo que
enfoca su interior, la lente se mueve hacia un gran angular exterior que bien
pudiera distorsionar el horizonte o darse la vuelta, desencantado, abriendo al
personaje en sus extremos como si fuera entonces él, el paisaje filmado, la
dirección que regresa al remite. Cada toma o fragmento supone una nueva
insistencia de sí mismo, un nuevo error. Pero la aproximación a la realidad no
sucederá hasta la recuperación de cada pequeño rastro filmado, como si al
diseccionar el cadáver pudiera por fin encontrar el verdadero sentido.
He de confesar que este libro me ha llevado por momentos a
otro título del autor: “Lisboa song”.
Publicado por la editorial Eutelequia, es uno de esos textos a pulmón abierto y tremendamente emotivo. Un texto para saciarse y sobrevivir un día más a partir de su poesía y con algún que otro escenario que bien pudiera entrar en el ojo de Konstantin para sus filmaciones. Un libro con una manera de tratar la luz que (como el
personaje), nunca termina de desbordarse.
