Pronto, todos los pasos logran el objetivo de romper los zapatos. Se abren agujeros en las suelas por donde pasa el frío, el polvo y la suciedad de las calles, la miseria y el peso de los días. Pero la carne regenera allí donde desfalleces y vuelve a recuperar la herida endureciendo la piel, rehaciendo sus tejidos, con toda la sabiduría que es capaz la evolución.
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